Nauseas y vomitos

Las náuseas y los vómitos son uno de los síntomas más frecuentes del embarazo y afectan a más de la mitad de las mujeres en este estado. Lo habitual es que estos se presenten en el transcurso del primer trimestre, a causa del elevado nivel de gonadotropina coriónica humana segregada por la placenta, y después desaparezcan. Sin embargo, a un 1 % de las mujeres continúan afectándolas persistentemente durante todo el embarazo; esta afección se denomina hiperemesis gravídica.

Diagnosticada a tiempo y tratada correctamente, la hiperemesis gravídica no implica mayor riesgo ni para la madre ni para el bebé. Pero los vómitos excesivos pueden tener como consecuencia grave y extrema la deshidratación, la perdida de peso y hasta la desnutrición.

Síntomas de la hiperemesis gravídica

  • Náuseas constantes
  • Vómitos persistentes y abundantes
  • Intolerancia a los alimentos
  • Pérdida de peso
  • Palidez
  • Ictericia
  • Deshidratación
  • Mareos
  • Desmayos

Se desconoce con exactitud cuáles son las causas de la hiperemesis gravídica, pero entre los factores que inciden están:

  • Altos niveles de estrógeno, ya que dicha hormona afecta el área del cerebro que controla las náuseas y los vómitos
  • Los cambios gastrointestinales que se dan en el embarazo a causa del desplazamiento de los órganos para dar lugar al feto
  • Estrés o ansiedad
  • Hábitos alimenticios que incluyan alimentos con alto contenido en grasas
  • Helicobacter pilori. El 90 % de las embarazadas que padecen hiperemesis gravídica, a su vez están contaminadas con esta bacteria
  • Las mujeres con embarazo múltiple presentan mayor riesgo
  • Las primerizas, las que esperan una beba y las obesas son más propensas a tener este trastorno
  • Los problemas psicológicos o sociales de la mujer embarazada, podrían estar relacionados con esta afección

Tratamiento

El tratamiento dependerá del grado de la hiperemesis gravídica, si es leve o severa. En los primeros casos, con sólo modificar determinados hábitos alimenticios será suficiente. Incrementar la ingesta de proteínas y carbohidratos, en pequeñas proporciones, cada pocas horas, varias veces en el día. Disminuir el consumo de alimentos con alto contenido graso y tomar mucho líquidos.

Para los casos más complejos en que los vómitos son demasiado frecuentes, abundantes y significan un riesgo inminente para la salud de la madre o del feto, hay medicación especialmente indicada. Por ejemplo: antihistamínicos (calman las náuseas), vitamina B6 (ayuda a clamar las náuseas), antiácidos, etc.

Los casos más complicados de hiperemesis gravídica, pueden llegar a ser internados y allí se procederá a la colocación de suero intravenoso para rehidratar, se suministrará glucosa, vitaminas y los suplementos alimenticios necesarios. Luego de que la paciente esté estabilizada, se continuará administrando líquidos por un máximo de 48 horas, después de las cuales, se podrán incorporar líquidos vía oral y alimentos en pequeñísimas cantidades. Los controles posteriores al alta deberán ser muy rigurosos y la paciente tendrá que ser hospitalizada nuevamente si la situación así lo requiere.

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